Ninguna parte del relato infantil “The Pet Goat” revelaba un evento que pudiera suscitar la reacción que el presidente George W. Bush tuvo en medio de la lectura. Más bien no fue la trama de la cabra hambrienta que come todo a su paso la que desencajó el rostro del Jefe Supremo de la Nación aquel 11 de septiembre, sino un pequeño susurro que Andy Card, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, le acercó al oído. Al “Estados Unidos está bajo atentado” le siguió un intento por concentrarse nuevamente en las travesuras de aquel animal ficticio, pero pronto el mandatario debió abocarse a su trágico discurso dirigido a un país conmocionado por la ofensiva terrorista contra las Torres Gemelas.
¿Quién era “El hombre que cae”? El misterio detrás de una de las fotos más impactantes del 11-SKrystal Davis se encontraba en una de las diminutas sillas azules que rodeaban como un reducido aforo al jefe de Estado. Era una de las estudiantes reconocidas por su excelente puntuación en exámenes de lectura, al igual que el resto de sus compañeros de la Escuela Primaria Emma E. Booker en Sarasota, Florida, en 2001, quienes recibían al líder republicano como celebración por sus logros académicos. La pequeña exalumna de segundo grado no entendió muy bien qué ocurría en ese momento de susurros y actuaciones extrañas que siguieron a la lectura del texto infantil. El semblante cambiado del gobernante luego de que un hombre trajeado le dijera algo al oído solo le generó desconcierto.
De la inocencia infantil a la crisis nacional
"Se notaba el cambio en él una vez que recibió el mensaje, y después se reflejaba en su rostro", dijo Davis en una entrevista con el medio estadounidense ABC News con motivo del 25° aniversario de los atentados del 11 de septiembre. "Más tarde, cuando volvió a ser él mismo, sonreía como diciendo: 'No quiero alarmar a los niños'".
El desconcierto no solo embargaba al mandatario, sino también a las autoridades del aula. La profesora Sandra Daniels admitió años después que supo de inmediato que algo andaba gravemente mal cuando notó la drástica transformación en la postura de Bush. Tras finalizar la lectura, el presidente fue rápidamente retirado del salón de clases. En la inocencia propia de la infancia, Davis y sus compañeros llegaron a pensar que habían cometido un error durante la presentación y que la abrupta retirada respondía a un disgusto del gobernante. Sin saberlo, aquellos niños de segundo grado acababan de presenciar un punto de quiebre en la historia contemporánea.
La confirmación de la tragedia y sus secuelas
En otra área del establecimiento escolar, Stevenson Tose'-Rigell, de diez años e hijo de la directora del colegio, aguardaba en la biblioteca junto a otros estudiantes. Esperaban la llegada del presidente para un acto en el que anunciaría una nueva política educativa, pero la demora de varias horas comenzó a inquietar a todos. Cuando Bush finalmente ingresó al recinto, el guión había cambiado por completo: en lugar de hablar sobre educación, se dirigió al país para confirmar la tragedia que sacudía a la nación.
Poco después, los alumnos fueron trasladados a otros sectores de la escuela. Fue en pequeños televisores ubicados en las aulas y en la oficina de la dirección donde Davis, Tose'-Rigell y sus compañeros vieron por primera vez las estremecedoras imágenes del colapso de las Torres Gemelas. Mientras tanto, el Air Force One despegaba de Florida trasladando al presidente hacia bases militares de máxima seguridad, en una jornada trágica que dejó un saldo de casi 3.000 víctimas fatales entre Nueva York, el Pentágono y Pensilvania.
Un cuarto de siglo después, la experiencia vivida en las aulas de la escuela Emma E. Booker sigue marcando la vida de sus protagonistas. Krystal Davis, quien hoy trabaja en el sector de la salud pero aspira a incorporarse a las fuerzas policiales, reconoce que presenciar la magnitud de aquel evento desde tan cerca la impulsó a volcarse al servicio comunitario. Por su parte, Tose'-Rigell evoca aquellos acontecimientos con una mezcla de dolor y orgullo al recordar el liderazgo de su madre, la exdirectora fallecida en 2007, cuya figura reaparece cada año en las imágenes de archivo para recordarle la gravedad y el significado de aquel histórico 11 de septiembre.